6 de enero de 2010

Un simple gesto de ternura


Cuando no estás en tu centro, algo en tu interior te impulsa a buscar el equilibrio, dando tumbos, buscando caminos, esperando encontrar esas piezas que se han desestabilizado en el delicado puzzle de tu personalidad. Aquí cada cual tiene su propio estilo, y el mío, como buen caballo de fuego que soy (horóscopo chino), es un galope desbocado que me lleva a veces por caminos sinuosos, estrechos, que terminan en un zarzal sin salida, y otros me conducen hasta páramos de una belleza tal que toca la fibra más sensible de mi ser.

El Amor (en mayúsculas) es lo que nos da vida, es esa fuerza impulsora que mueve los engranajes de nuestra existencia, y es necesario en todas sus formas, tan necesario como el aire que respiramos, porque en ese aire también hay pequeñas partículas de amor.Y cuando has estado un tiempo en carencia, cuando tu corazón no ha tenido forma de expresarse, cuando has anhelado el afecto, imperceptiblemente se crea una coraza protectora, porque esa ausencia duele, y duele profundamente.

Y no te das cuenta de la profundidad de ese dolor, del grosor de esa coraza, hasta que alguien se acerca lo suficiente para decirte: te veo, y sé lo que sientes, yo también he estado ahí. Ese simple gesto de comprensión, de ternura, hace que la coraza caiga hecha añicos, y te deja desnuda ante la vida, vulnerable a tus propias necesidades, pero a la vez te libera para poder crecer, porque nadie puede crecer dentro de los límites de la jaula de la protección.

A principio de año, el día 1, cogí una carta, la que marcaría la tónica de este año, y cuando ví que era la Torre, contuve el aliento, sabiendo lo que eso significa: removerlo todo en mi vida, destruir para poder construir, y al mismo tiempo suspiré aliviada, porque después de una Torre, el crecimiento es tal que te sientes como el ave fénix, llena de fuerza, de intensidad, de conexión y de comprensión.

Destruir es la parte más difícil, nos conformamos con lo malo conocido quizá por miedo a que lo que pueda venir sea peor aún, intentamos negociar hasta la última migaja de felicidad que hay en nuestra vida, intentando evitar que desaparezca, recurrimos a experiencias incluso extremas en ese deseo de retener quienes fuímos... sabiendo que antes de poder construir hay un breve periodo de limpieza de escombros, de vacío, de transición, en el que nos sentimos desamparados, en el que las profundidades son tales que nos da vértigo mirar... es el salto de fe necesario para aceptar lo que ha de venir. Si no existiera esta sensación de vacío caeríamos en la tentación de buscar sin descanso hasta la extenuación.... y cuando el vacío llega solo hay una cosa que se pueda hacer: confiar.

Es el momento de dejar actuar a esa parte de nosotros que conoce y que reconoce, que sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, que sabe dónde tiene que buscar para encontrar las nuevas piezas que construirán un nuevo castillo, más acorde a nuestro crecimiento. Funciona por intuiciones, por impulsos, por encuentros, por coincidencias, por momentos en los que la certeza de estar en el camino correcto es abrumadora, por vibraciones, por sentires... aquí no hay razón que valga, porque nada puede tener aún sentido hasta que el conjunto esté construído y el plano no está en nuestras manos... al menos no todo.

Si permanecemos atentos a lo que nos rodea, a lo que nos acontece, podemos ser capaces de vislumbrar la estructura, los cimientos de lo que se está construyendo, podemos sentir la solidez de los vínculos que se están formando, el devenir fluído de los acontecimientos, que paso a paso, pieza a pieza, construyen nuestra nueva realidad. Siento que en esta vida he vivido ya al menos cinco vidas, y en cada una de ellas he sido diferente, o he organizado mi personalidad de forma diferente, para vivir desde otros puntos de vista, desde otros montes, porque desde cada cima se observa un paisaje distinto.

Y ahora estoy subiendo lentamente por este nuevo monte, de la mano de personas afectuosas, sabias, experimentadas, que vuelcan su cariño en mi, que aligeran el peso de mi mochila, que con su sola presencia alivian mis pies cansados y dan de beber a mi sediento corazón, y me siento esperanzada, ilusionada, feliz ... sabiendo que la oscuridad que me envolvía está iluminándose en este nuevo amanecer, y estoy agradecida por, una vez más, haber renacido de las cenizas.

Gracias de todo corazón a todas esas hermosas almas, esos corazones bondadosos y cálidos que me acompañais y que haceis que mi camino sea un paseo entre las nubes. Gracias.....

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