16 de marzo de 2010

Sin rostro (1)

- Vamos Gloria, que siempre estás en las nubes, ya no sé que hacer para llamar tu atención.

Es una buena amiga, tiene paciencia conmigo, pero no quiero que sepa que soy diferente. Así que asiento y me disculpo. Es más fácil así. Prefiero pasar por despistada, olvidadiza, soñadora, tímida, antes que contarle a nadie lo que realmente me sucede. Después de muchos años he desarrollado ciertas estrategias que me ayudan, y aún así siempre hay alguien descontento.

- Esta noche no tienes excusa, he organizado esta cena para que conozcas a algunos amigos de Juan, "todos solteros". No se va a notar, porque también he invitado a una pareja de chicas, conocidas de Carlos, que se "entienden", tú ya me entiendes... jajaja, "entienden"-entiendes... ¿lo has pillado?

He dicho que es una buena amiga, no que tenga muchas luces.... Por supuesto le agradezco el esfuerzo que está haciendo por encontrarme novio. "Es que ya te toca, guapa, que a este paso voy a tener que organizar una rifa para que alguien te compre".... tampoco he dicho que fuera muy diplomática, pero a mi me vale, al menos sé lo que piensa en cada momento, algo muy importante para mi.

Llegamos a mi casa, y nos vamos directas a mi armario. Por suerte Maica es de las que habla continuamente, y por su tono de voz puedo conocer otros matices que tendría que poder ver en su cara.
- !Por Dios Bendito! pero.. ¿de dónde has sacado estos trapos? !Ni que hubieras asaltado una ONG!
- Elige lo que quieras, yo me lo pondré y ya está.

Cuando me miro al espejo no me reconozco a mi misma... en realidad no sé como soy, así que no sé si soy guapa o fea. Tampoco sé como son los demás, así que tampoco es tan importante. A veces consigo captar lo que creo que es un ojo, o los labios, pero poco más, y de poco sirve, al menos para saber con quien estoy hablando.

Mi estrategia para ello es adelantarme y saludar a quien sea que note que me está mirando. Es curioso como se desarrollan los demás sentidos, y hay una sensación extraña en mi estómago cuando alguien me mira. Y si me equivoco de persona siempre está esa coletilla tan útil: "vaya, pues te he confundido con otra persona que se parece mucho a ti"... si supieran lo irónico de esa respuesta....

Después de probarme varias combinaciones de prendas, Maica se queda satisfecha con un vestido corto de un tono tierra, y unos zapatos de tacón que apenas uso. Las cenas y reuniones sociales son mi particular pesadilla, estoy más cómoda en pequeños grupos, pero es la forma de poder conocer gente nueva.... algo que odio cordialmente. Si no fuera por amistades bienintencionadas como Maica, no saldría jamás de mi casa. Por suerte, he conseguido trabajar desde mi portátil, aposentada en el sofá gastado y cómodamente instalada con mis pantuflas y mi mantita,  y el correo, el chat y el messenger son mis grandes aliados. A mi me da igual que mis amistades no tengan webcam, a no ser que se muestren de cuerpo entero, petición que levantaría muchas sospechas.

De nuevo he caído en la trampa, una de tantas de las que Maica me prepara a menudo. Esta supuesta reunión de amigos se ha convertido, sin saber muy bien cómo, en una fiesta, en la que a primera "vista" no conozco a nadie. Si fuera así, respiraría tranquila, con saludar a todo el mundo podría respirar tranquila. El problema empieza cuando hay alguien a quien se supone que conozco. Por eso tengo fama de retraída y tímida, porque tengo que esperar a que se aproximen a mi y me digan algo para poder reconocerles.

- Gloria, cariño....- cuando Maica me llama "cariño", la temo. - Te presento a Miguel, un compañero de Juan ¿no te he hablado de él? Creo que hareis buenas migas, también es aficionado a la lectura, como tú...!bueno, aficionado es poco! Tiene la casa repleta de libros, ¿no, Miguel?¿eres coleccionista o algo así?

El pobre Miguel acaba de ser atrapado en la red casamentera de la Reina Araña Maica, porque si ella considera que es adecuado para mi, no parará hasta conseguir que tengamos una cita. Carraspea levemente.

- Yo no diría tanto, aunque es verdad que me gustan mucho los libros y la lectura, especialmente la literatura de la Edad Media. Por cierto, Maica, ¿conoces a Fernando de Rojas? tengo un ejemplar profusamente ilustrado de la Celestina, de finales del siglo XV, que estoy seguro de que te encantaría.

No puedo evitar reirme a carcajadas ante esta indirecta sutil, y aunque ahora mismo daría un riñón por poder ver la cara de "no sé de qué narices me hablas" de Maica, me conformo con sus torpes balbuceos.

- Bueno, ya veo que sois tal para cual, os dejo solos para que charleis. - Hacía mucho tiempo que nadie descolocaba a la perfecta Maica, y sólo por eso este encuentro resultaba prometedor.

(continuará)

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