9 de febrero de 2010

La red (1a parte)

Vivimos en un sistema en equilibrio, aunque nos pueda parecer caótico y sin sentido, un sistema en el que un pequeño cambio provoca a su vez cambios compensatorios. De aquí nace la teoría del efecto mariposa, en la que una pequeña variación en el sistema inicial puede provocar un efecto de gran envergadura, en este caso porque cada modificación afecta a su vez a numerosos parámetros.

¿Cómo podemos aplicar este concepto de forma práctica en nuestra vida? Cuando miramos alrededor creemos que es difícil cambiar el mundo, que hay demasiadas cosas por hacer, que nuestra aportación será insignificante. Sólo cuando nos detenemos a pensar en los grandes momentos de nuestra vida, en esas situaciones que parecían insostenibles y que de forma casi mágica se han resuelto, es cuando nos damos cuenta, dando saltos hacia atrás, que todo empezó en algún pequeño cambio en nuestra vida, algo tan sencillo como una palabra dicha en el momento adecuado, un encuentro fortuito de unos pocos minutos, una idea fugaz que cruzó por nuestra mente.... los grandes cambios ocurren a través de los pequeños, paso a paso, como si un juego de dominó se tratara.

Si no le hubiera comentado a mi amiga Julia que necesitaba a alguien que cuidara de mis animales el fin de semana, si ella no hubiera conocido la semana anterior a Luís que buscaba un trabajo que le permitiera ganarse un sobresueldo, si Luís no hubiera recibido un requerimiento de Hacienda por una cantidad que no tenía, si Luís no hubiera dicho sí a Julia de hablar conmigo por si le interesaba ganar un dinerillo por unas horas, si cuando Luís vino a mi casa a conocer a mis animales no hubiera estado Laura, que venía a proponerme un negocio para el que justo el perfil de Luís encajaba, si Laura y Luís no hubieran conectado tan bien desde el primer momento... Luís no habría dejado su trabajo para ganar el doble trabajando como socio de Laura, yo me habría tenido que quedar en casa, Laura aún seguiría buscando a alguien y Julia no se estaría ahora mismo riendo al ver como habían encajado tan bien todas las piezas.

Esta clase de historias se producen a diario, sólo que no somos conscientes de ellas. Lo llamamos casualidad, aunque más bien habría que llamarlo causalidad: la causa no es más que el sistema en equilibrio.

Pero hay otras historias que no son tan evidentes como la anterior, en la que los participantes se conocen. Son aquellas en las que las conexiones no son visibles, en las que no parece haber ninguna relación entre las personas involucradas, a pesar de que hay una cierta energía o atmósfera de magia que rodea la situación.

¿Cómo puede ser que alguien perdiendo el avión en Madrid esté provocando que alguien en París pueda coger la última habitación vacía del Hotel Regency gracias a una cancelación de último momento, justo cuando alguien que acaba de llegar de Alemania tenga que buscar en otro hotel al ocuparse la última de las habitaciones libres del Regency, para acabar coincidiendo con una pareja de italianos en el restaurante del Hotel Belice, que le ofrecen su casa en el Lago Como donde conocerá a un británico retirado que pasa allí largas temporadas y juntos puedan estar tranquilamente hablando, tomándose un café en un pequeño bar de pueblo, y en ese momento planteen juntos la teoría de cuerdas?

Esto es posible gracias al nivel de conexión al que trabajamos subconscientemente, en el que las piezas no están ya colocadas en forma de dominó, sinó que se entrelazan como una gigantesca red neuronal, produciéndose chispazos de energía cada vez que hay descargas sinápticas, es decir, cada vez que se producen encuentros o consecuencias que producen un cambio significativo de rumbo. Es algo que se puede sentir cuando prestamos atención, como cuando vivimos un deja vu, esos chispazos son como pequeñas alteraciones dimensionales, que a su vez desatan un corriente de pequeños cambios. A partir de ese momento existe lo que llamamos "estar en el lugar adecuado en el momento adecuado", esa sensación de que, sin saber como ni porqué, aquel instante va a cambiar nuestra vida y la de los que nos rodean.

Ahora imagina simplemente el poder que puede llegar a tener una sonrisa...

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